Parecía una apuesta imposible. Delcy Rodríguez, la vicepresidenta del chavismo, no estaba en los pronósticos. No aparecía en las quinielas. Y, sin embargo, es la carta por la que parece inclinarse Donald Trump, al menos de momento, para que lidere la Venezuela posterior a Nicolás Maduro, en esa etapa de tutela washingtoniana previa a una transición que el presidente de Estados Unidos ha anunciado tras la captura del dirigente y su esposa, Cilia Flores, en Caracas. A ojos de la Administración republicana, Rodríguez es una gestora capaz. Y —con un régimen debilitado, rodeado por los buques de guerra estadounidenses y que fue incapaz de repeler el ataque de Estados Unidos el sábado— la Casa Blanca piensa que es moldeable.









